domingo, 29 de septiembre de 2013

HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA EN EMERGENCIA Y OTROS ASPECTOS GENERALES



Psicología social y desastres


Todos los profesionales que lidian con situaciones de desastres, coinciden en señalar que el factor humano tiene una importancia capital, tanto para determinar la existencia misma del desastre, como para superar su ocurrencia. Sin embargo, se percibe un vacío entre los profesionales que actúan en el área de desastres y aquellos otros, que lidian con el comportamiento humano: los psicólogos. Este vacío se explica en parte porque la mayoría de psicólogos ejerce su profesión generalmente orientándola a consultas privadas e individuales. Y de otro lado, los profesionales de otras ramas vinculados al manejo de los desastres, no ven con claridad cómo los psicólogos podrían contribuir en situaciones de riesgo y/o desastres.
Nos adelantamos a decir que mas de uno podría sorprenderse cuando un tópico determinado es clasificado como desastre. Esto suele ocurrir porque la acepción mas difundida de desastre es aquella que se asocia al accionar de las fuerzas vivas de la naturaleza; llámese volcanes, riadas, terremotos o fuego. Sin duda alguna, estos son causantes de desastres, pero lo son porque existe una interacción entre ellos y el ser humano; de lo contrario, estaríamos ante un evento natural y aislado cuyo estudio merecería el interés únicamente de los especialistas en ese fenómeno especifico. Pero, mientras sigamos construyendo casas en zonas de riesgo, O cortando arboles -provocando así las riadas o los desiertos-, o maltratando el suelo - propiciando también la erosión-; nos convertimos en agentes provocadores de desastres. Dicho de otro modo, la manera como nos relacionamos con la naturaleza esta determinada por la forma de organización social a la que pertenecemos y construimos día a día. Es por ello que los desastres a los que estamos acostumbrados a percibir como naturales, no lo son; pues sufren la influencia y el grado de impacto que ésta produzca, se modificara según sea su forma organización social.
Al mismo tiempo, hay sucesos que hoy en día se asumen como desastres, como por ejemplo, la expansión del SIDA, o de las enfermedades endémicas, como el cólera o el dengue. Pero también existen otros en los cuales el hombre es el agente activo o el autor directo; nos referimos a los desastres de origen tecnológico, tales como radiaciones, el tráfico vehicular o las contaminaciones químicas.
Lo dicho hasta aquí nos permite vislumbrar la importancia que tiene el estudio de cómo las personas perciben los desastres; tema al que dedicarnos este especial “Psicología social y desastres". En este sentido, resulta esclarecedor el articulo de los doctores Puy y Aragonés sobre la percepción del riesgo; cuyo enfoque nos ayuda a comprender mejor como y por que algunas personas eligen vivir en situaciones de riesgo. Suceso que encontramos muy bien ilustrado en el estudio de la Dra. Wiesenthal sobre los efectos del derrumbe y la reubicación en una población pobre de Venezuela. Los doctores Moyano y Olivos, al analizar los desastres en Chile, realizan un amplio recorrido sobre diversas conceptualizaciones referidas a estados de riesgo, vulnerabilidad y desastres, que nos permite una inmersión en este terna. Por otra parte, la Dra. Mocellin, al realizar un estudio de intervención en profundidad con una población pobre y de bajo nivel cultural, tiende un puente entre el saber culto y las creencias populares; desarrollando un modelo de terapia que las integra. Los doctores Dias y Alaide analizan el SIDA, considerado hoy en día el mas peligroso evento epidemiológico del mundo, desde el punto de vista de la percepción y vulnerabilidad. En el ámbito del desarrollo tecnológico tenemos la investigación realizada por los doctores Gimenes y Abreu, sobre el desastre ocurrido en Brasil con el Cesio-137, considerado uno de los desastres radiológicos más graves del mundo. Por otro lado, se presenta un estudio sobre los niños de la calle en Brasil que refleja como las condiciones de pobreza pueden encerrar una situación dramática en un círculo vicioso: el de la miseria generando más miseria. A su vez, Coelho nos brinda un estudio apoyado en una laboriosa compilación bibliográfica, que nos plantea la importancia de incluir consideraciones de genero en la evaluación de los desastres, cambiando de cierta forma el paradigma de los estudios sobre el tema. Finalmente, tenemos un trabajo de Albuquerque sobre la gestión municipal en materia de desastres; que, basándose en el análisis de la administración municipal en una región pobre de Brasil, nos muestra cómo la trama política local puede ser parte del problema, o de la solución, en una circunstancia de desastre.
De esta manera, esperamos que el encarte especial en la revista de LA RED que hoy ponemos en sus manos, signifique un acercamiento propicio a las contribuciones que la psicología social brinda al manejo eficaz de las situaciones de desastre. Considerando la amplitud del publico lector de esta revista, investigadores, profesionales de organismos gubernamentales y no gubernamentales, dirigentes políticos, académicos, estudiantes, dirigentes sindicales, entre otros; hemos presentado un conjunto de artículos que sin desaprovechar la profundidad de cada uno, nos permitan percibir la amplitud del campo de acción tanto de los psicólogos propiamente, como de la investigación psicosocial aplicada a los desastres.
Es muy probable que al finalizar la lectura de estos artículos, uno se cuestione los conceptos que manejaba con relación a los desastres. De igual manera, deseamos que los psicólogos sientan mayor motivación para abordar este tema, aplicando sus fundamentos teóricos a circunstancias de la realidad social cotidiana. Finalmente, confiamos en el conjunto de expertos e interesados en el tema, que reúnan esfuerzos elaborando estudios interdisciplinarios cuyos resultados respondan al reto de nuestros tiempos: como prevenir, intervenir y tratar, de manera adecuada a las personas y comunidades en situación de riesgo o desastre.

Breve Historia
La época actual podría ser definida por Beck (1992/93) como la "sociedad del riesgo" –Este autor aboga por una "ampliación ecológica de la democracia", proponiendo para ello la creación de un ámbito publico de opinión y debate, con carácter interdiseiplinario y sobre todo "reflexivo", en el que se logre establecer los criterios sobre cómo se desea vivir y se contemple si se quiere depender de los “expertos" o de una cultura que toma conciencia y debate abiertamente los peligros a los que está sometida.
Al hablar de riesgos ambientales, Beck (1992/ 93) diferencia los peligros tradicionales (como los desastres naturales), de los riesgos actuales (nucleares, químicos, ingeniería genética, ecológicos), distinguiendo claramente que estos últimos no pueden ser atribuidos a agentes externos, sino que tienen que ver con decisiones humanas, institucionales ("industriales" o "técnico-económicas"). Tales decisiones -en una supuesta ponderación de costos y beneficios-, optan por un progreso que arrastra consigo peligros que eseapan a la lógica del cálculo de riesgos y seguridad. La posibilidad de imputar responsabilidades a la propia sociedad, hace que estos riesgos se conviertan en un problema, en una cuestión social y política de primer orden. Estos nuevos riesgos, según Beck (1992, p.21), son "políticamente reflexivos". El "nuevo paradigma de la sociedad del riesgo" debe enfrentarse a la solución de los problemas generados por los peligros de la modernización; a cómo tratar de poner freno a todo aquello que "sobrepase los límites de lo que resulta 'tolerable' -ecológica, medica, psicológica y socialmente-", sin impedir el desarrollo y el proceso de modernización (1992, p.19).
Los desastres naturales tradicionales (inundación, terremoto, incendio, epidemia, etc.) se caracterizan por tener efectos mas catastróficos e inmediatos sobre el medio ambiente y las personas, que los peligros de contaminación ambiental. Los de contaminación, a diferencia de los anteriores, están mas relacionados con el impacto sobre el medio ambiente de la actividad humana/tecnológica; además, producen efectos a más largo plazo y son menos evidentes, y el riesgo para las personas está centrado sobre su salud y bienestar, como consecuencia del deterioro de ese medio ambiente.
El presente trabajo tratará sobre estos riesgos ecológicos. Se trata de poner en relación dos conceptos diferentes: por un lado la percepción del riesgo evaluada desde una perspectiva psicometría; y por otro, la idea de emergencia -que especialmente en los riesgos relativos a la contaminación ambiental-, puede ser entendida en un doble sentido, bien como un estado de crisis singular (puntual), o bien como una situación de carácter permanente y acumulativo en las actuales condiciones de desarrollo del mundo. Es en este último sentido en el que parece que se hace necesaria una interconexión mas estrecha entre la percepción social de los riesgos y la gestión pública de los mismos.
Dadas las dificultades de definición y delimitación de los distintos términos (accidente, desastre, emergencia, catástrofe, problema, etc.) empleados en la literatura para hacer referencia a los eventos o situaciones de crisis (Britton, 198ó), y teniendo en cuenta el poder del lenguaje como uno de los elementos esenciales en la gestión de las crisis (Hart, 1993), se ha escogido el termino "emergencia" porque enfatiza con mayor claridad el carácter urgente y relevante del mismo, versus el termino comúnmente empleado de "problema" ambiental. Tal y como señala (Hart, 1993), a partir de lo sugerido por Edelman (1977), el etiquetado de una crisis social (pobreza, delincuencia, etc.) como un "problema", implica o denota cierto carácter de inevitabilidad, naturalidad o cronicidad del fenómeno.
En la sociedad actual, gran parte de la ciudadanía esta manifestando su preocupación por estas cuestiones, una firme y urgente demanda por evitar estos fenómenos, mucho mas clara de la que parecen reconocer los organismos públicos de gestión, que sintomáticamente tienden a considerar estos asuntos bajo la etiqueta de “problemas ambientales".
Uno de los caminos que permitiría que los diferentes puntos de vista, valores y prioridades expresados por los distintos Sectores sociales lleguen a los centros de decisión y sean tomados en cuenta en la gestión de los riesgos, es el del estudio de su percepción social y de las respuestas de adaptación a los mismos y vinculado a este, el de la investigación, desarrollo e implementación de políticas de comunicación de riesgos como un proceso de "doble flujo", que supere la vía única y tradicional de comunicación vertical deseendente.
De acuerdo con Pidgeon, Hood, Jones, Turner, y Gibson (1992), Se entiende que el estudio de la percepción del riesgo desde la perspectiva de las ciencias sociales, supone el estudio de las creencias, actitudes, juicios y sentimientos, así como el de los valores y disposiciones sociales y culturales más amplios que las personas adoptan frente a las fuentes de peligro (tecnologías, actividades, sustancias, etc.) y los beneficios que estas implican.
A pesar de lo que parece inferirse de la amplitud de esta definición, lo cierto es que la mayoría de los estudios desarrollados hasta el momento adolecen de un interés real por incorporar a los modelos de percepción del riesgo, los factores de tipo social, cultural y/o contextual. Los primeros acercamientos a este campo de estudio asumían que la percepción del riesgo se podía entender como una mera percepción física de estímulos "objetivos"; sólo recientemente se ha venido a considerar el riesgo como una construcción social, de ahí que, si tanto el contenido como el proceso de esa percepción son de naturaleza social, de lo que se trata no es de una simple percepción física, sino de una percepción social (véase Puy, 1995).
Los resultados y conclusiones de los trabajos abordados por Puy (1995) sirven para poner de relieve el alto grado de subjetividad de los juicios sobre el riesgo, y la tremenda complejidad de un fenómeno que puede ser en parte explicado por las características de los riesgos, pero no de forma exclusiva, sino que también esta vinculado a las características socioculturales del sujeto que "percibe", y del contexto en el que se producen y expresan esos juicios perceptivos.
En este sentido, de acuerdo con Vaughan (1993), los estudios psicológicos sobre la percepción social y respuestas de adaptación a los riesgos ambientales, pueden aportar una información de gran relevancia para la gestión del riesgo, al permitir conocer la diversidad de respuestas en las distintas Situaciones, propiciando de esta manera que determinadas estrategias preventivas puedan ser asumidas y/o defendidas por los distintos Sectores sociales.
La revisión de la literatura en el campo de la percepción del riesgo, permite observar la amplia gama de factores que inciden en la percepción social de los riesgos: psicológicos, psicosociales, sociológicos, culturales, los referidos al contexto situacional y los relativos a las características cualitativas de las distintas fuentes de riesgo. Se puede considerar que todos ellos están estrechamente vinculados entre si y que resulta complicado separar y medir cual es el efecto especifico de cada uno. Pues bien, de todos estos posibles factores, la parte en la que se centra y mejor describe -incluso en cierta medida explica- el así Llamado paradigma psicométrico en el estudio de la percepción social del riesgo (Fisehhoff, Slovic, Lichtenstein,
Read, y Combs, 1978; Slovic, 1987, 1992), es la referente a la percepción de las características cualitativas de las fuentes de riesgo (dimensiones) y su relación con una estimación cuantitativa global.
Los aportes de este modelo han supuesto un avance importante en lo que se refiere a la comprensión de cómo la gente percibe los riesgos. Este tipo de estudios pone de manifiesto cómo en la valoración que el público hace del riesgo de distintas fuentes, entran en juego una serie de atributos cualitativos de las mismas, que inciden en el riesgo percibido bastante mas que la mera probabilidad "objetiva" de provocar daños o muerte.
A pesar de las limitaciones que se han señalado sobre el enfoque psicométrico, tales como su carácter predominantemente descriptivo, sus pretensiones de universalidad, y las limitaciones propias de cualquier estudio correlacional (Arabie y Masehmeyer, 1988; Cutter, 1993; Gadner y Gould, 1989; Harding y Eiser, 1984; Hendrickx, 1991; Pidgeon et al., 1992; Puy, 1995; Vlek y Stallen, 1981). Hay que reconocer que esta aproximación metodológica puede servir para tratar de entender algunos de los discursos que subyacen en la percepción social del riesgo de una población, y en este sentido, pueden aplicarse a la hora de establecer un diagnóstico descriptivo que contribuya al diseño de determinadas estrategias de gestión e información sobre un riesgo determinado.
En los trabajos originales del Grupo de Oregón (Slovic, Fisehhoff, y Lichtenstein, 1985), nunca Se habían incluido específicamente en las listas de los cuestionarios, los riesgos relativos a desastres naturales y contaminación ambiental. Y en cuanto a las replicas realizadas por otros autores (Brun, 1992; Englander, Farago, Slovic, y Fischhoff, 198ó; Goszczynska, Tyszka, y Slovic, 1991; Keown, 1989; Kleinhesselink y Rosa, 1991; Mechitov y Rebrick, 1990; Teigen, Brun, y Slovic, 1988), sólo la realizada por Brun (1992), Se proponía específicamente el estudio de las posibles diferencias entre La percepción de los riesgos de origen natural (incluyendo así enfermedades y desastres naturales) y los riesgos de origen humano tradicionalmente estudiados desde el enfoque psicométrico. Respecto a las demás replicas, se ha trabajado en general sobre los mismos riesgos incluidos en las listas del Grupo de Oregón, con pequeñas modificaciones en algunos casos atendiendo a las características propias de cada país; destacando en este sentido el trabajo de Kleinhesselink y Rosa (1991), por La inclusión de algunos riesgos "transnacionales" de carácter más reciente, entre los que Se encuentran La destrucción de La capa de ozono y el efecto invernadero, referidos ambos a lo que en este trabajo Se han considerado como riesgos relacionados con La contaminación ambiental ontribución de la psicología a la gestión de la emergencia ambiental Si bien la investigación sobre percepción del riesgo ha tenido escasas aplicaciones empíricas (Rohrmann, 1991), es posible contemplar algunas implicancias para la gestión y comunicación del riesgo.
En concreto, la investigación psicométrica ha demostrado que el concepto de riesgo es mucho más amplio y rico que unas simples tasas de mortalidad o probabilidades de accidente. Por tanto, todas las estrategias encaminadas a la gestión, legislación o comunicación de los riesgos, deben tener en cuenta esa concepción amplia del riesgo, que esta implícita en la preocupación legitima de la ciudadanía por estas cuestiones (Slovic, 1986).
Aunque la investigación en percepción del riesgo ha contribuido a una mejor comprensión de las preocupaciones del público, hay que reconocer que la metodología impone ciertas limitaciones, al menos en el sentido del concepto que se aborda (características de evaluación del riesgo, actitudes, etc.) y en el del formato en que se recoge la información (Otway, 1987). En el caso de la investigación que se acaba de presentar, se observan claramente las dos vertientes comentadas. Por un lado, el riesgo es claramente multidimensional y por otro, las características estudiadas contribuyen a explicar una reducida parte de cada riesgo percibido.
Las diferencias encontradas según variables sociodemográficas (edad, género y nivel de estudios) sirven para señalar la necesidad de no tomar al publico como un todo único. Esta idea está en sintonía con otros estudios sobre percepción y comunicación de riesgos que ponen de manifiesto que hay muchos públicos, cada uno de los cuales puede manifestar diferentes creencias prioridades y valores (Covello, von Winterfeldt y Slovic, 1986; Otway, 1987; Vaughan, 1993), que deben ser tomadas en cuenta en la comunicación y gestión de los riesgos. En lo que a la ciudadanía se refiere y al tenor del concepto de emergencia ambiental propuesto en estas paginas, la comunicación es el proceso más relevante en la gestión de los riesgos. En los riesgos contemplados en este trabajo, puede fácilmente pensarse que algunos son considerados de bajo conflicto (ruido y contaminación urbana) y otros de alto conflicto (energía nuclear, destrucción del ozono y contaminación industrial) en los términos de Cvetkovich y Earle (1992); lo que sugiere, según su propuesta, dos procesos diferentes de comunicación. En el primer caso, se trataría de realizar una comunicación enfocada a la información y al cambio actitudinal con la intención de fomentar comportamientos de prevención y mitigación de los efectos nocivos de los riesgos. En el segundo, seria necesario desarrollar comunicaciones bidireccionales ya propuestas por otros autores (Covello et al., 1986; Otway, 1987; Slovic, 1986), que permitan a los gestores del riesgo integrar las distintas perspectivas y valores implicados.
En el primer tipo de comunicación es necesario tener en cuenta los múltiples factores que actúan en el proceso de comunicación tanto aquellos que Se refieren a la. características de los elementos interactuantes, como los relativos a la forma y contenido del mensaje ( (Covello et al, 1986; Earle y Cvetkovich, 1990; Rohrmann, 1990). En le proceso de diseño del programa de comunicación, siempre deberían contemplarse aquellas características más saltantes de cada riesgo, para cada público. El segundo estilo de comunicación, que trata de conseguir una participación activa del público, tiene entre sus propósitos, el logro de decisiones mas de consenso ante los riesgos socialmente mas controvertidos. Además de enriquecer el proceso de discusión con la visión más completa y amplia del riesgo en cuestión, se consigue también satisfacer el deseo legitimo del publico de conocer mejor, de aumentar su poder de decisión y su sensación de control ante la emergencia ambiental (Vlek y Cvetkovich, 1989).



LA VIDA ES BELLA



“La vida es bella” es una película idónea para trabajar en áreas transversales como Educación para la paz y para la convivencia, aunque resulta enriquecedora en muchos aspectos.

Podemos investigar, a partir de su argumento, sobre el holocausto judío por los nazis, los campos de concentración, la creencia en la superioridad de unas razas, el desprecio por el hombre,… Sería ésta una lectura histórica de un pasado que no debiera volver.

Existe también una lectura antropológica del tema que la película plantea: ¿Qué me dice sobre el hombre?. Roberto Benigni, su director, nos muestra la capacidad de las personas para influir sobre las circunstancias que les rodean o, al menos, para saber encararlas con un talante determinado. La vida es bella, incluso en las situaciones más terribles, si somos capaces de hacerla bella para aquellos que nos rodean. Hemos escogido esta segunda perspectiva en nuestra ficha por su alto contenido educativo.

Psiemex Psicólogos Emergencistas de México

Esta página en Facebook nos muestra un grupo, una sociedad de psicólogos que están en búsqueda de la innovación aquella que va más allá de lo que nosotros estamos comúnmente a ver, que es el de ayudar y brindar servicios psicológicos en crisis y desastres, que de por si no es sencilla sus funciones mucho menos y buscamos el bienestar emocional frente a eventos adversos.


Es necesario conocerlo? Claro que si ya que en su mayoría solemos estar al margen con respecto al tema de desastres y emergencias y más porque somos quienes deberíamos de estar capacitados y aptos para actuar en el momento en el que ocurra un evento adverso, tal como lo hacen no solo en México sino también algunos profesionales en nuestro país.



sábado, 21 de septiembre de 2013

 Evaluación de daños y análisis de Necesidades en la comunidad y en la Salud Mental





El Manual de Campo de EDAN, se ha diseñado, para ser un documento de consulta fácilmente transportable. Que proporcione la información básica sobre las características y efectos de fenómenos naturales que por su magnitud e intensidad generan desastres.
El Manual de Evaluación de Daños y Análisis de Necesidades – EDAN contiene guías de procedimientos y formatos estructurados que permiten efectuar evaluaciones de daños, análisis de necesidades y acciones de respuesta; además contiene información básica referente al empleo de técnicas de recolección de datos y análisis e interpretación de la información georeferenciada. El Manual proporciona asimismo una lista rápida de verificación de daños y de necesidades post-desastre.

Es una guía para los evaluadores de los Comités de Defensa Civil, tiene por finalidad brindar lineamientos para una información coherente, uniforme, oportuna y veraz, la información relativa a una emergencia o desastre que permita la toma de decisiones adecuadas para la atención de la emergencia o desastre asi como la obtención y distribución de la Ayuda Humanitaria requerida.
Finalmente, proporciona una guía práctica de procedimientos que facilita a los responsables en el Centro de Operación de Emergencias (COE), registrar, colectar y exhibir la información, respecto de los daños ocasionados por una emergencia, utilizando el aplicativo informático, elaborado por el INDECI denominado Sistema Nacional de Información para la Prevención y Atención de Desastres -SINPAD.

Sus características son:

•  Objetiva: sólo debe registrar los daños realmente ocurridos y que deben ser considerados.
• Oficial: debe ser la voz del Comité de Defensa Civil, de esta forma se centraliza la evaluación en una autoridad oficial.
• Dinámica: además de los daños inmediatos, es necesario proyectar los posibles daños secundarios y las probables necesidades que éstos generan a fin de anticipar sus efectos para la toma eficaz de decisiones.



1. Tipos de Evaluación de Daños

• Evaluación Preliminar.- primera apreciación del desastre en forma cuantitativa y/o cualitativa, basada en una aproximación a lo ocurrido, como resultado del impacto del fenómeno en el menor tiempo posible (dependiendo de la magnitud del evento, aproximadamente a las 8 primeras horas); esta información es esencial para tomar decisiones de corto plazo, su principal característica es que por ser inicial requiere un reajuste permanente. Este tipo de evaluación incluye en todos los casos aspectos relativos al fenómeno, daño físico a la salud y edificaciones básicas.

• Evaluación Complementaria.- información cuantitativa y/o cualitativa complementaria de los daños y las necesidades relacionadas con la atención inicial de la emergencia, sin sofisticados estudios, que permite identificar en las primeras 72 horas los puntos críticos para las fases de rehabilitación y reconstrucción. Requiere de mayor tiempo y precisiones para elaborarla; contempla la información relativa a los daños a los servicios públicos esenciales y a la producción.

• Evaluación Final.- Consolidado de la información sobre los daños y acciones de respuesta de los sectores u organismos componentes del Sistema Nacional de Defensa Civil, como resultado de la recopilación de la información en detalle que cada uno ellos proporciona al INDECI.

2. Objeto de la Evaluación:
Establecer prioridades de atención que conllevan a la toma de decisiones acerca de dónde, cuándo y qué clase de ayuda debe prestarse en orden prioritario.

3. Formas de Organizar la Evaluación:
La acción de evaluación debe ser desarrollada por una persona o un equipo de personas1 con diferentes variantes, la cantidad depende de la magnitud del área del desastre. Este trabajo puede ser realizado por personal local o foráneo, cada una de estas formas tiene sus ventajas y limitaciones.
Procedencia del personal: inmediatamente, garantizando así oportunidad y mínimo costo en el desplazamiento. Conocen la situación previa a la ocurrencia del desastre, dando mayores elementos de juicio sobre el verdadero impacto del evento. Sin embargo, la vinculación afectiva, los lazos familiares o la afectación personal pueden comprometer la objetividad de la evaluación. Para ello, se proponen instrumentos, formularios y tablas que como parte de un proceso de capacitación, facilitan y estandarizan la labor.

• Personal foráneo: Son especialistas que llegan al lugar con la misión de evaluar la situación. El hecho de no haber sido afectados ni de estar comprometidos por lazos familiares o de amistad, favorece la objetividad.
Cantidad de Evaluadores:

• Evaluador individual: Es una persona con reconocida experiencia en el manejo de desastres, se desplazan velozmente, con un costo relativamente bajo; pueden asociar situaciones anteriores con rapidez, para facilitar la evaluación y propuesta de alternativas.
• Dos personas: Posee todas las ventajas descritas para el evaluador individual, sumado a la complementariedad de disciplinas que puede obtenerse al conformar el equipo.
• Grupo de especialistas: Es una de las modalidades preferidas por gobiernos y grandes instituciones. Permite configurar un grupo de trabajo con técnicos, profesionales y especialistas de diversos sectores. Deben ser personas que compartan estándares y métodos de evaluación y que perteneciendo a diferentes instituciones puedan, ante un desastre, trabajar como equipo, compuesto por 5 a 12 miembros.
Sin embargo, existe dificultad para la participación de estos grupos, debido a los múltiples y diferentes compromisos de sus integrantes. Por ello resulta necesaria la formación de brigadas de voluntarios que apoyen en estas tareas al Comité de Defensa Civil.
El equipo de evaluación, designado por el Comité de Defensa Civil y compuesto por personal local, previamente capacitado o debidamente instruido deberá, en lo posible, desplazarse al terreno y reportar dentro de las primeras 24 horas la naturaleza del daño, las características del área afectada y las condiciones de las vías y servicios. El equipo debe dedicar todos sus esfuerzos a determinar con el máximo de exactitud la magnitud del daño, sin realizar funciones de asistencia o socorro.

La evaluación de daños debe ser organizada desarrollando un método sistemático que permita proceder rápidamente, con el fin de establecer una información adecuada a las autoridades gubernamentales (nacional, regional, provincial o distrital). Así se podrán tomar decisiones, se ejecutarán medidas de asistencia y se diseñarán técnicas efectivas para una reducción de los efectos, presentes y futuros del evento.
Se ha mencionado que la preferencia son los grupos locales; la integración ideal, es la siguiente: un coordinador, un equipo de colaboradores, preferiblemente con información técnica o profesional (ingeniero o arquitecto, geólogo, médico o enfermera, trabajador social, entre otros) y brigadistas voluntarios provenientes de la comunidad.
Algunas veces, las únicas personas disponibles serán estas últimas.
Por lo que es imprescindible que el Comité de Defensa Civil desarrolle acciones de capacitación, en el manejo de formatos de evaluación.
Cada formato resumirá las técnicas de evaluación, elaboradas por profesionales y especialistas en el tema específico, pero diseñadas en tal forma que podrán ser utilizadas por personal menos calificado con resultados similares, preservando la objetividad y calidad de la tarea.

La efectividad de la evaluación se garantiza con:
• La utilización de personal entrenado o calificado.
• El uso de método único, criterios estandarizados y procedimientos rutinarios de reportes.
• Disposición inmediata de los recursos para llevar a cabo la evaluación:

- Transporte

- Comunicación

- Apoyo Logístico

- Iniciación de las evaluaciones en las primeras 08 horas del desastre.
A fin de garantizar la oportunidad en el proceso de evaluación, el encargado debe buscar los recursos en el mismo lugar. Alojamiento, recursos materiales, incluidos las existencias de productos y herramientas de construcción, almacenados en condiciones normales, como también las bodegas de alimentos que existan.
Asimismo, contar con las personas que se encuentran en la región y que poseen conocimientos específicos necesarios y mano de obra local que pueda utilizarse en algún momento.
Elementos necesarios para la Evaluación de Daños:

a. Mapa del área o región afectada.
b. Información previa de la zona afectada: población, condiciones climáticas, condiciones de salud, idiosincrasia de la población, recursos disponibles infraestructura de servicios, historia de desastre, directorio de los posibles contactos en la zona, entre otros.
c. Formatos de evaluación.
d. Lista de verificación, tablas y ayudas.
e. Bolígrafos, lápices, borradores, regla.
f.  Papel para papelógrafo y tamaño carta, tabla con presilla o clip, cinta de enmascarar.
g. Equipo básico: linterna, botiquín, comunicaciones, ropa adecuada, entre otros.

4. Cómo Implementar el EDAN ante un evento que Genera Desastre
• Conformación y Activación del Equipo de EDAN
- Verificación de la situación
Antes de pensar en la constitución de un Equipo EDAN, deberá comprobarse de antemano la ocurrencia del evento destructivo, localización, población que allí vive y demás datos de información previa descritos (condiciones de acceso, salud, antecedentes sociales y políticos, idiosincrasia de la población, recursos disponibles, infraestructura de servicios, historia de desastres, posibles contactos).
- Identificación del Coordinador de la Evaluación

Constituye uno de los puntos más difíciles. Deberá ser una persona con capacidad para el manejo de personal, el trabajo en equipo, con iniciativa y constancia, conocimiento del trabajo en desastres y con disposición para el trabajo interdisciplinario e interinstitucional. Será la persona de quien dependa el éxito o fracaso del trabajo.
- Integración del Equipo (o los Equipos)
Estará compuesto por un coordinador, por un grupo de técnicos o profesionales locales (buscando que sean interdisciplinarios) y, personal de apoyo.

Criterios sugeridos:

[1] Que conozcan el lugar,
[1] Que sepan leer, escribir y efectuar matemáticas sencillas,
[1] Que tengan alguna experiencia en desastres,
[1] Que tengan experiencia en el tema a evaluar,
[1] Que tengan tiempo,
[1] Que tengan voluntad y mística,
[1] Que tengan respaldo y apoyo.
Estos criterios se deberán obtener como equipo (sumatoria de condiciones individuales)
- Comportamiento
 Deberá procurarse en todo momento que los miembros del equipo:
[1] Sean amables,
[1] Tengan una aproximación directa a la población afectada,
[1] Depongan actitudes prepotentes,
[1] Mantengan un espíritu positivo,
[1] No generen falsas expectativas en la gente.

- Transporte
Facilitar o interceder ante otras entidades para que los miembros del equipo o los equipos dispongan del transporte necesario para acceder a las zonas de evaluación. El facilitarle estos aspectos permitirá que el grupo pueda centrarse en su labor sin distracciones.
- Telecomunicaciones
Facilitar o interceder ante otras entidades para que los miembros del equipo o los equipos puedan transmitir sus comunicados con la periodicidad establecida.

- Coordinación
Integración y comunicación con los demás equipos que se encuentran trabajando en la zona afectada. Intercambiar información permanentemente. Sincronizar esfuerzos.

- Centralización de los reportes
Es conveniente que el equipo de evaluación de daños comprenda que las instituciones y organizaciones que requieren de su información, presionarán por disponer de ella oportunamente. Al otro lado, el trabajador que está en el campo, frecuentemente olvida su compromiso de reportar, permaneciendo aislado del exterior, bajo el pretexto que sus actividades no le permiten sacar tiempo para comunicarse.

En la centralización de la información, deberá cumplirse con los siguientes criterios:

[1] Objetividad
[1] Oportunidad
[1] Responsabilidad
[1] Cobertura

• Recomendaciones al Coordinador
- Definir y asignar áreas de trabajo; asignar tiempos a las tareas.
- Ajustar al proceso, ante una nueva información o cambios en las circunstancias.
- Mantener visión de conjunto.
- Facilitar el paso del diagnóstico a la acción, en aquellos casos donde la necesidad pueda ser suplida con las capacidades y recursos locales.
- Evitar asumir acciones asistencialistas. Si se hacen, deberánreasignarse las funciones para que parte de los miembros continúen con la evaluación, sin perder la objetividad del proceso.
- Prever una relación apropiada con los periodistas. Procurar ser amables y directos. Debe definirse de antemano con las autoridades locales, quienes serán los voceros autorizados y respetar este conducto. En ninguna circunstancia aceptar propuestas de suministro de información a cambio de prebendas u oportunidades de figuración.

5. ¿Qué informar a los miembros de un Equipo, no adiestrados previamente en el método del EDAN?

• El objetivo de la Evaluación de Daños y el Análisis de Necesidades.
• Los instrumentos de registro que se emplearán.
• Los datos que hay que recoger. Revisar minuciosamente cada componente del formulario, aclarar dudas, no dejar pasar detalles.
• Contactos, posibles fuentes de información.
• Confrontación de datos con otras fuentes.
• Registro en los formularios, tipo de letra, enmendaduras.
• Fecha y hora de los registros.
• Uso de los espacios sobre observaciones.
• Posibilidad de uso secuencial de las fichas auxiliares.

• Complemento en el tiempo, búsqueda de información específica.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Código de conducta para la asistencia humanitaria en caso de desastres

El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja tiene su fundamento en un ideal: aliviar el sufrimiento humano a quienquiera que afecte, y donde y comoquiera que se produzca. En todo momento, los siete Principios Fundamentales constituyen la base de la actuación del Movimiento. En términos más generales, el Movimiento reexamina y perfecciona constantemente su forma de trabajar, a fin de asegurar que sus acciones beneficien al máximo a las personas que pretende servir.
En el Código de conducta relativo al socorro en casos de desastre para el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las organizaciones no gubernamentales se expresa más detalladamente la ética de la acción humanitaria. Este Código de conducta fue elaborado en 1994 por la Federación Internacional, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y otros seis organismos principales de ayuda, y constituyó un gran paso adelante en el establecimiento de normas para la ejecución de operaciones de socorro en casos de desastre. En él se reafirman los principios humanitarios básicos de humanidadimparcialidad eindependencia, y se incorporan conceptos más recientes del ámbito del desarrollo, como el respeto de la cultura, la participación, la sostenibilidad, la rendición de cuentas y la dignidad.
Las diez normas del Código de conducta subrayan, entre otras cosas, el derecho de las poblaciones afectadas por desastres a recibir asistencia humanitaria sin discriminación y la función capital que desempeñan las mujeres en las comunidades propensas a los desastres. Hacen hincapié también en la protección y la preservación de la dignidad de los beneficiarios. El Código de conducta contiene tres anexos, con recomendaciones dirigidas respectivamente a los gobiernos de países afectados por desastres, los gobiernos donantes y las organizaciones intergubernamentales. La idea central de las recomendaciones es que es necesario asegurar el acceso rápido a las víctimas de los desastres, la prestación oportuna de asistencia apropiada y el respeto de la independencia y la imparcialidad de las organizaciones humanitarias.
Otra iniciativa de este tipo es el Proyecto Esfera, lanzado en 1997 por el Movimiento y un grupo de organizaciones no gubernamentales. Uno de sus principales pilares es el documento Manual del Proyecto Esfera: Carta Humanitaria y normas mínimas de respuesta humanitaria en casos de desastre. La Carta Humanitaria defiende el derecho de las personas afectadas por desastres o conflictos armados a una vida digna y, por lo tanto, a recibir asistencia para cubrir sus necesidades básicas. Este derecho está consagrado no sólo en el derecho internacional humanitario, sino también en los derechos humanos internacionales y elderecho de los refugiados. Son los gobiernos quienes deben garantizar este derecho, aunque los organismos humanitarios pueden brindar asistencia donde sea necesaria. Además, la Carta Humanitaria subraya la distinción que debe hacerse en situaciones de conflicto armado entre combatientes y no combatientes y el principio de no devolución (que ningún refugiado sea enviado a un país en el que su vida o libertad estén amenazadas). Las normas mínimas especifican el nivel requerido de asistencia humanitaria en materia de abastecimiento de agua, saneamiento, nutrición, ayuda alimentaria, refugio, asentamiento y planificación de emplazamientos, y atención de salud.


Código de Conducta 

Normas de conducta para el Movimiento Internacional de la 
Cruz Roja y de la Media Luna Roja y las organizaciones no gubernamentales en programas motivados por catástrofes 
1. Lo primero es el deber humanitario 
El derecho a recibir y a brindar asistencia humanitaria constituye un principio humanitario fundamental que asiste a todo ciudadano en todo país. En calidad de miembros de la comunidad internacional reconocemos nuestra obligación de prestar asistencia humanitaria doquiera sea necesaria. De ahí, la trascendental importancia dellibre acceso a las poblaciones afectadas en el cumplimiento de esa responsabilidad. 
La principal motivación de nuestra intervención a raíz de catástrofes es aliviar el sufrimiento humano entre quienes están menos preparados para soportar las consecuencias de una catástrofe. La ayuda humanitaria que prestamos no responde a intereses partidistas ni políticos y no debe interpretarse en ese sentido. 
2. La ayuda prestada no está condicionada por la raza, el credo o la nacionalidad de los beneficiarios ni ninguna otra distinción de índole adversa. El orden de prioridad de la asistencia se establece únicamente en función de las necesidades. 
Siempre que sea posible, la prestación de socorro deberá fundamentarse en una estimación minuciosa de las necesidades de las víctimas de las catástrofes y de la capacidad de hacer frente a esas necesidades con los medios disponibles localmente. 
En la totalidad de nuestros programas reflejaremos las consideraciones pertinentes respecto a la proporcionalidad. El sufrimiento humano debe aliviarse en donde quiera que exista; la vida tiene tanto valor en una parte del país, como en cualquier otra. Por consiguiente, la asistencia que prestemos guardará consonancia con el sufrimiento que 
se propone mitigar. Al aplicar este enfoque, reconocemos la función capital que desempeñan las mujeres en las comunidades expuestas a catástrofes, y velaremos por que en nuestros programas de ayuda se apoye esa función, sin restarle importancia. La puesta en práctica de esta política universal, imparcial e independiente sólo será efectiva si nosotros y nuestros asociados podemos disponer de los recursos necesarios para proporcionar esa ayuda equitativa y tener igual acceso a todas las víctimas de catástrofes. 
3. La ayuda no se utilizará para favorecer una determinada opinión política o religiosa 
La ayuda humanitaria se brindará de acuerdo con las necesidades de los individuos, las familias y las comunidades. Independientemente del derecho de filiación política o religiosa que asiste a toda organización no gubernamental de carácter humanitario, afirmamos que la ayuda que prestemos no obliga en modo alguno a los beneficiarios a suscribir esos puntos de vista. No supeditaremos la promesa, la prestación o la distribución de ayuda al hecho de abrazar o aceptar una determinada doctrina política o religiosa. 
4. Nos empeñaremos en no actuar como instrumentos de política exterior gubernamental Las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario son organizaciones que actúan con independencia de los Gobiernos. Así, formulamos nuestras propias
4políticas y estrategias para la ejecución de actividades y no tratamos de poner en práctica la política de ningún Gobierno, que sólo aceptamos en la medida en que coincida con nuestra propia política independiente. Ni nosotros ni nuestros empleados aceptaremos nunca, a sabiendas – o por negligencia - ser utilizados para recoger información de carácter político, militar o económico que interese particularmente a los Gobiernos o a otros órganos y que pueda servir para fines distintos de los estrictamente humanitarios, ni actuaremos como instrumentos de la política exterior de Gobiernos donantes. Utilizaremos la asistencia que recibamos para atender las necesidades existentes, sin que la motivación para suministrarla sea la voluntad de deshacerse de productos excedentarios ni la intención de servir los intereses políticos de un determinado donante. Apreciamos y alentamos la donación voluntaria de fondos y servicios por parte de personas interesadas en apoyar nuestro trabajo y reconocemos la independencia de acción promovida mediante la motivación voluntaria de esa índole. Con el fin de proteger nuestra independencia, trataremos de no depender de una sola fuente de financiación. 
5. Respetaremos la cultura y las costumbres locales 
Nos empeñaremos en respetar la cultura, las estructuras y las costumbres de las 
comunidades y los países en donde ejecutemos actividades. 
6. Trataremos de fomentar la capacidad para hacer frente a catástrofes utilizando las aptitudes y los medios disponibles a nivel local Incluso en una situación de desastre, todas las personas y las comunidades poseen aptitudes no obstante su vulnerabilidad. Siempre que sea posible, trataremos de fortalecer esos medios y aptitudes empleando a personal local, comprando materiales sobre el terreno y negociando con empresas nacionales. Siempre que sea posible, la asociación con organizaciones no gubernamentales locales de carácter humanitario en la planificación y la ejecución de actividades y, siempre que proceda, cooperaremos con las estructuras gubernamentales. Concederemos alta prioridad a la adecuada coordinación de nuestras intervenciones motivadas por emergencias. Desempeñarán esta función de manera idónea en los distintos países afectados quienes más directamente participen en las operaciones de socorro, incluidos los representantes de organismos competentes del sistema de las Naciones Unidas. 
7. Se buscará la forma de hacer participar a los beneficiarios de programas en la administración de la ayuda de socorro Nunca debe imponerse a los beneficiarios la asistencia motivada por un desastre. El socorro será más eficaz y la rehabilitación duradera podrá lograrse en mejores condiciones cuando los destinatarios participen plenamente en la elaboración, la gestión y la ejecución del programa de asistencia. Nos esforzaremos para obtener la plena participación de la comunidad en nuestros programas de socorro y de rehabilitación. 
8. La ayuda de socorro tendrá por finalidad satisfacer las necesidades básicas y, además, tratar de reducir en el futuro la vulnerabilidad ante los desastres 
Todas las operaciones de socorro influyen en el desarrollo a largo plazo, ya sea en sentido positivo o negativo. Teniendo esto presente, trataremos de llevar a cabo programas de socorro que reduzcan de modo concreto la vulnerabilidad de los beneficiarios ante futuros desastres y contribuyan a crear modos de vida sostenibles.
5 Prestaremos particular atención a los problemas ambientales en la elaboración y la gestión de programas de socorro. Nos empeñaremos, asimismo, en reducir a un mínimo las repercusiones perjudiciales de la asistencia humanitaria, evitando suscitar la dependencia a largo plazo de los beneficiarios en la ayuda externa. 
9. Somos responsables ante aquellos a quienes tratamos de ayudar y ante las personas o las instituciones de las que aceptamos recursos 
A menudo funcionamos como vínculo institucional entre quienes desean prestar asistencia y quienes la necesitan durante los desastres. Por consiguiente, somos responsables ante los unos y los otros. En nuestras relaciones con los donantes y con los beneficiarios hemos de observar siempre una actitud orientada hacia la apertura y la transparencia. Reconocemos la necesidad de informar acerca de nuestras actividades, tanto desde el punto de vista financiero como en lo que se refiere a la eficacia. Reconocemos la obligación de velar por la adecuada supervisión de la distribución de la asistencia y la realización de evaluaciones regulares sobre las consecuencias asociadas al socorro. Nos esforzaremos también por informar de manera veraz acerca de las repercusiones de nuestra labor y de los factores que las imitan o acentúan. Nuestros programas reposarán sobre la base de elevadas normas de conducta profesional y pericia, de manera que sea mínimo el desperdicio de valiosos recursos. 
10. En nuestras actividades de información, publicidad y propaganda, reconoceremos a las víctimas de desastres como seres humanos dignos y no como objetos que inspiran compasión Nunca debe perderse el respeto por las víctimas de los desastres, que deben ser consideradas como asociados en pie de igualdad. Al informar al público, deberemos presentar una imagen objetiva de la situación de desastre y poner de relieve las aptitudes y aspiraciones de las víctimas y no sencillamente su vulnerabilidad y sus temores. Si bien cooperaremos con los medios de información para suscitar un mayor respaldo público, en modo alguno permitiremos que las exigencias internas o externas de publicidad se antepongan al principio de lograr una máxima afluencia de la asistencia humanitaria. Evitaremos competir con otras organizaciones de socorro para captar la atención de los medios informativos en situaciones en las que ello pueda ir en detrimento del servicio prestado a los beneficiarios o perjudique su seguridad y la d nuestro personal. 

Recomendaciones a los Gobiernos de países en los que ocurran desastres 

1. Los gobiernos deberán reconocer y respetar el carácter independiente, humanitario e imparcial de las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario 
Las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario son organismos independientes. Los Gobiernos de países beneficiarios deberán respetar su independencia y su imparcialidad. 
2. Los gobiernos de países beneficiarios deberán facilitar el acceso rápido de las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario a las víctimas de los desastres Para que las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario puedan actuar plenamente de acuerdo con sus principios humanitarios, deberá facilitárseles el acceso rápido e imparcial a las víctimas con el fin de que puedan prestar asistencia humanitaria. En el marco del ejercicio de su responsabilidad soberana, el gobierno receptor no deberá bloquear esa asistencia, y habrá de aceptar el carácter imparcial y apolítico de la labor de las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario. Los gobiernos de los países beneficiarios deberán facilitar la rápida entrada del personal de socorro, en particular mediante la derogación de requisitos para la concesión de visados de tránsito, ingreso y salida, o la simplificación del procedimiento para su expedita obtención. Los Gobiernos deberán conceder permiso para que las aeronaves que transporten suministros y personal de socorro internacional puedan sobrevolar su territorio y aterrizar en él durante la fase de urgencia de la operación de socorro. 
3. Los Gobiernos deberán facilitar el movimiento oportuno de los artículos de socorro y la circulación de las informaciones durante los desastres 
Los suministros y el equipo de socorro llegan al país únicamente con el fin de aliviar el sufrimiento humano y no para obtener beneficios o ganancias comerciales. En condiciones normales, esos suministros deberán circular libremente y sin restricciones y no estarán sujetos a la presentación de facturas o certificados de origen refrendados por consulados, ni de licencias de importación y exportación, o cualquier otra restricción, ni a derechos de importación ni de aterrizaje ni a derechos portuarios. El gobierno del país afectado deberá facilitar la importación transitoria del equipo de socorro necesario, incluidos vehículos, aviones ligeros y equipo de telecomunicaciones, mediante la supresión transitoria de restricciones en materia de autorizaciones o certificaciones. Asimismo, una vez finalizada una operación de 
socorro, los Gobiernos no deberán imponer restricciones para la salida del equipo importado. Con el fin de facilitar las comunicaciones en una situación de emergencia, convendrá que el Gobierno del país afectado designe ciertas radiofrecuencias que las
 7 organizaciones de socorro puedan utilizar para las comunicaciones nacionales e internacionales que atañan al desastre, y den a conocer previamente esas frecuencias a la comunidad que trabaja en esa esfera de actividad. Deberá autorizarse al personal de socorro a utilizar todos los medios de comunicación que convenga a las operaciones de asistencia. 
4. Los Gobiernos tratarán de proporcionar un servicio coordinado de información y planificación La planificación general y la coordinación de los esfuerzos de socorro incumben, en definitiva, al Gobierno del país afectado. La planificación y la coordinación pueden mejorarse de manera significativa si se facilita a las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario la información oportuna sobre las necesidades de socorro, así como sobre los sistemas establecidos por el Gobierno para la planificación y el desarrollo de las operaciones de socorro y sobre los posibles riesgos en materia de seguridad. Se insta a los Gobiernos a que proporcionen esa información a las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario. Con el fin de facilitar la coordinación y la utilización eficaces de los esfuerzos en materia de socorro, se insta igualmente a los Gobiernos a que, antes de que ocurra un desastre, designen un cauce especial de contacto a través del cual las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario que acudan para prestar ayuda puedan comunicarse con las autoridades nacionales. 
5. Socorro motivado por catástrofes, en caso de conflicto armado 
En caso de conflicto armado, las operaciones de socorro se regirán con arreglo a las disposiciones del derecho internacional humanitario. 

Recomendaciones a los Gobiernos donantes 

1. Los Gobiernos donantes deberán reconocer y respetar la labor independiente humanitaria e imparcial de las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario Las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario son organismos independientes cuya independencia e imparcialidad deben respetar los Gobiernos donantes. Los Gobiernos donantes no deberán servirse de las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario para promover objetivos políticos ni ideológicos. 
2. Los Gobiernos donantes deberán proporcionar fondos con la garantía de que respetarán la independencia de las operaciones Las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario aceptan fondos y asistencia material de los Gobiernos donantes conforme a los mismos principios por los que se rigen para entregarlos a las víctimas de los desastres, es decir, basándose para su acción únicamente en los criterios de humanidad e independencia. En lo que se refiere a su ejecución, las actividades de socorro incumben, en última instancia, a la organización no gubernamental de carácter humanitario, y se llevarán a cabo de acuerdo con la política de esa organización.
3. Los Gobiernos donantes deberán emplear sus buenos oficios para ayudar a las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario a lograr el acceso a las víctimas de catástrofes Los Gobiernos donantes deberán reconocer cuán importante es aceptar cierto nivel de responsabilidad en cuanto a la seguridad y la libertad de acceso del personal de la organización no gubernamental de carácter humanitario a las zonas siniestradas. Deberán estar dispuestos a interceder por vía diplomática si es necesario, ante los gobiernos beneficiarios con respecto a esas cuestiones. 
Anexo III: Recomendaciones a las organizaciones internacionales 
1. Las organizaciones intergubernamentales admitirán a las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario nacionales y extranjeras como asociadas valiosas Las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario están dispuestas a trabajar con las Naciones Unidas y con otras organizaciones intergubernamentales para aportar mejor asistencia a raíz de catástrofes. Obedecen a un espíritu de asociación que respeta la integridad y la independencia de todos los asociados. Las organizaciones intergubernamentales deben respetar la independencia y la imparcialidad de las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario. Los organismos del sistema de las Naciones Unidas deberán consultar a las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario en la preparación de planes de socorro. 
2. Las organizaciones intergubernamentales ayudarán a los Gobiernos 
de países afectados a establecer un sistema general de coordinación para el socorro nacional e internacional en los casos de desastre Según su mandato, no suele incumbir a las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario encargarse de la coordinación general que requiere la intervención internacional motivada por una catástrofe. Esa responsabilidad corresponde al Gobierno del país afectado y a las autoridades competentes de las Naciones Unidas. Se exhorta a éstas a que proporcionen ese servicio en el momento oportuno y de manera eficaz a fin de ayudar al Estado afectado y a la comunidad nacional e internacional a hacer frente al desastre. De cualquier manera, las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario desplegarán todos los esfuerzos necesarios para velar por la eficaz coordinación de sus propios servicios. 
En caso de conflicto, las actividades de socorro se regirán de conformidad con las disposiciones que convenga del derecho internacional humanitario. 
3. Las organizaciones intergubernamentales aplicarán a las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario las mismas medidas de protección de su seguridad que a las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas 
Siempre que se prevean servicios de seguridad para las organizaciones intergubernamentales, se extenderá su alcance, si es necesario, a las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario que actúen como asociadas suyas para las operaciones, siempre que se lo solicite. 9
4. Las organizaciones intergubernamentales facilitarán a las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario el mismo acceso a la información pertinente que a las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas 
Se insta a las organizaciones intergubernamentales a que compartan toda la información oportuna para la respuesta efectiva al desastre, con las organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario que actúen como asociadas suyas en las operaciones de socorro.