Se considera que la política de desmovilización y reinserción
debería ser manejada de una manera diferente, en cabeza de una agencia civil
del Estado, de alto nivel, con capacidad técnica, operativa, administrativa y
financie- ra. La experiencia dejada en la materia por la antigua Dirección para
la Reinserción debería ser capitalizada a favor de la nueva agencia para la
desmovilización y reinserción. Conviene valorar, a su vez, las fórmulas
ensayadas en la segunda generación de experiencias de desmovilización. En todo
caso, sería interesante pro- pender por un esquema mixto (público/privado) que
permitiera una oferta más oportuna y me- nos lenta. Dicho esquema se justifica
si y sólo si permite, o bien, facilita mayor sincronía en el manejo de las diferentes
problemáticas presentes en los procesos de desmovilización y reinserción.
También sería factible examinar un esquema mixto nacional/internacional, pero
para éste –y con más razones– son imperativos los
consensos mínimos a los que nos hemos re- ferido.
A propósito de la estructura de dicha agencia, en el proyecto se
ha propuesto la tesis de incorporarla a la estructura de la Red de Solidaridad
dado el actual recorte del aparato estatal y la función en la Red de ciertas
entidades. Sobre tal propuesta conviene realizar unos breves comentarios.
A propósito de la estructura de dicha agencia, en el proyecto se ha
propuesto la tesis de incorporarla a la estructura de la Red de Solidaridad
dado el actual recorte del aparato estatal y la función en la Red de ciertas
entidades. Sobre tal propuesta conviene realizar unos breves comentarios:
• La
iniciativa de articular la desmovilización y reinserción a la entidad
encargada, en principio, de buena parte de la ejecución de la política social,
depende de esos mínimos consensos sobre qué espera el país luego de la
transición: ¿hacer presencia estatal en zonas excluidas? ¿Incluir sectores de
población y zonas excluidas? ¿Tomar la desmovilización y reinserción como
pretexto para generar una plataforma de oportunidades e instalar capacidades?,
entre otros interrogantes. Es claro que el país aún no ha llegado a esos
mínimos consensos.
• Antes de dar
viabilidad a la iniciativa con- viene examinar qué pasó cuando el proceso de
desmovilización y reinserción en los años noventa descansó en una Secretaría de
la Red.
• Antes de
trasladar las funciones en materia de desmovilización y reinserción, conviene
anotar que la actual Red de Solidaridad está lejos de operar –precisamente– como
red. Prima en sus ejecutorias un enfoque asistencial poco sano y menos sano aún
en materia de desmovilización y reinserción, puesto que, como bien se anotó, en
estos procesos se da, entre otras, la transición de “una vida parasitaria a una
productiva”.
Independientemente de la opción que se adopte, se reitera la
necesidad de un responsable institucional de las experiencias de desmovilización
y reinserción. En éste recaería la conducción del proceso, la coordinación de
su ejecución y la responsabilidad política. Su objetivo central sería la
transición de los ex combatientes, paralelo a un trabajo en los diferentes
puntos de su llegada (del Estado y la sociedad). Para ello, precisa del
concurso de diversas agencias estatales. Así pues, es su deber el engrana- je
de todo el aparato estatal (de acuerdo con funciones, competencias y recursos)
en pro de una respuesta más idónea. También, sería responsable de estimular y
articular las acciones de la sociedad, así como de canalizar la cooperación
internacional.
La agencia deberá diseñar un sistema unificado de información,
seguimiento, control y evaluación. Los programas deberán ser planificados,
estratégicos, anticipados, participativos y –por supuesto– financiados. Los programas
también han de ser diversificados atendiendo a las características de la
población desmovilizada; claro está que sin generar discriminaciones entre
experiencias o procesos de desmovilización y reinserción.
La fuerza pública debe participar en el proceso, como parte de los
‘filtros’ necesarios para el inicio de la desmovilización, en calidad de
garante de la seguridad de los excombatientes y siendo parte de la búsqueda de
alternativas de reincorporación. Empero, no es recomendable que sea la gestora
de la primera etapa del proceso: la desmovilización. Tampoco es aconsejable
man- tenerle dicha facultad, porque su experiencia no es la atención
humanitaria y de emergencia que se da inicialmente y de la cual depende buena
parte del proceso de reincorporación a la vida civil y a la legalidad.
La etapa de la desmovilización en la cual los
trabajos de urgencia ya han sido realizados, la calma retorna paulatinamente al
lugar del desastre y los equipos de respuesta empiezan a ser relevados, en esta
fase se puede observar las siguientes manifestaciones:
-
Dificultad emocional para aceptar el término de las operaciones, deseo
de seguir trabajando.
-
Melancolía, depresión.
-
Inquietud, disgusto o aburrimiento ante el trabajo rutinario
-
Sentimientos de extrañamiento por el trabajo en desastre.
-
Sentimientos de extrañamiento por la familia.
-
Sentimientos de cólera o frustración.
-
Necesidad de hablar, contar y repetir las vivencias del desastre.
-
Conflicto con los compañeros que no participaron en las operaciones del
desastre, sentimientos de superioridad.
-
Conflicto con la familia, esta puede estar enojada por su ausencia
prolongada por el desastre.
Recién el los últimos años se ha dado importancia a
la tensión psicológica producto del trabajo en desastres y se han propuesto
nuevos métodos para ayudar a los equipos de primera respuesta, a superar los
estresores traumáticos como la presencia de muerte de niños pequeños o la
muerte de bomberos o accidentes con saldo masivo de víctimas.
La norma NFPA 1500 - 1987, Sección 1-8-6.1,
contempla el uso del Debrifin como técnica para Incidentes Críticos en estrés
(CID)
Parte de la aplicación de esta norma contempla las
siguientes consideraciones :
1.- El
principal objetivo inmediato con los trabajadores de los equipos de respuesta
que participan en un desastre o se ven involucrados en un incidente crítico en
stress es el de minimizar la severidad y duración del trauma emocional.
2.- Se
debe permitir la expresión de sus emociones y ayudarlos a entender y comprender
sus sentimientos y los efectos psicológicos que puedan aparecer algunas semanas
después.
3.-
Existen técnicas de ayuda psicológica que se orientan a los objetivos
planteados líneas arriba y se conoce como Desmovilización Psicológica,
Defusing, Debriefing, las cuales pueden ser espontáneas o dirigidas, esta
acción la puede realizar personal entrenado pero de preferencia por psicólogos,
previamente capacitados.
4.- El
"Debrifing" puede ser aplicado varios días después de terminado el trabajo,
se ha visto que si el trabajo duro siete días generalmente se necesita otros
siete días para que el personal este
listo para un Debrifing.
5.-
Después de una semana se debe de realizar un seguimiento y reunión con
el equipo para evaluar su readaptación a
la rutina laboral y familiar
6.- El
Debrifing no es una reunión de crítica ni de poses de dureza emocional sino es más bien una oportunidad en la cual el trabajador del equipo de respuesta puede expresar
sus emociones y sentimientos, y ser
comprendido, manifiesta sus síntomas físicos y psicológicos que puede estar sintiendo aprende a
reconocerlos como reacciones esperadas en
estas circunstancias y se prepara para reintegrarse a la rutina diaria.
7.- Al término
de una emergencia que a significado
situaciones de alto riesgo o peligro para los equipos de respuesta, o a demandado gran
agotamiento de éstos equipos, se recomienda al retorno a la base una breve sesión de "Desmovilización" la cual se aplica el mismo día y en forma inmediata, no
requiere la presencia de un profesional psicólogo, y permite la ayuda a
estabilizar la situación y mitigar el
impacto, bajo la consigna nadie debe de
regresar a sus hogares o labores acostumbradas sin antes haber
pasado por esta actividad

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